Los nuevos interfaces y la intrusión
marzo 20, 2009
Imagínate, año 2030, el sistema para despertarte detecta el final de tu ciclo de sueño en función de las ondas alfa, beta, theta y delta de nuestro cerebro de forma que te levantes los más descansado posible. En el fondo de tu retina comienzan a aparecer las noticias del día, la temperatura exterior y el estado del transporte gracias al dispositivo implantado para esta recepción. Pero en medio de esta información innumerables anuncios y spots aparecen, como en Blade Runner. ¿Hasta qué punto estamos dispuestos entonces a permitir que avanzados dispositivos entren dentro de nuestra vida privada? ¿Podremos soportar la potencial intrusión que supondrán estos sistemas en nuestras vidas? Se podrá conocer entonces nuestras emociones más profundas ante diversas situaciones o productos, y por supuesto alguien podría en algún momento de forma maliciosa usar esta información, las avanzadas tretas del marketing no tienen límite como bien se sabe. Por tanto podemos intuir que existe cierta disyuntiva entre una completa interacción con las computadoras y nuestra privacidad.
Sin embargo, esto se puede asemejar a cualquier relación humana, incluso de pareja. A mayor profundidad en la relación y mayor interacción, existe un mayor peligro de perder nuestra privacidad, todo tiene un precio y sus sacrificios. Así que todo estará en función de lo que cada usuario quiera implicarse, desde la fría relación en forma de soliloquio teclado-ratón hasta el tête à tête que podremos tener con los futuros interfaces cerebrales. ¿Qué elegís? Yo, de momento, cedo mis íntimos pensamientos y mi privacidad a mi pareja, así que supongo cuál será mi respuesta futura.